domingo, 21 de octubre de 2012
Suspiro.
Carga sus pulmones de oxígeno que cree respirar. Los llena, los hincha y con mucho esfuerzo y resintiendose cada una de las partes de su cuerpo intenta volver a respirar. Casi ahogada en un intento en un momento cree que va a conseguirlo. Su perspectiva del mundo ha cambiado, percibe casi todo de un color grisaceo blanquecino. Ahoga sus palabras en sus pensamientos. Siente las manos de alguien que intenta reanimarla. Entrecierra los ojos y nota un liquido espeso recorrer su brazo y su estomago. Llena de aire su boca e intenta tragarlo. Abre la boca temblorosa con miedo de no poder respirar de nuevo no lo consigue. Segundos rápidos imprecisos extraños. Cargados de una especie de atmósfera envenenada. El espeso líquido se adueña de su cuerpo hasta llegar a sentirlo en la rodilla y bajar hacía sus pies. Está mareada inconsciente, abre los ojos de repente y aprieta la mano de alguien. Carga sus pensamientos con palabras que quiere decir, quiere gritar. Entonces aparece alguien que le acaricia la frente y le echa el pelo hacía atrás. Palmea su cara y su cuerpo. Exhausta gruñe y consigue respirar un poco. Una milésima de placer. Y lo vuelve a hacer. Escucha su corazón que casi no late, late con menos frecuencia demostrando que algo no va bien. Y de nuevo oye una voz nerviosa e intranquila: - Todo va a salir bien. - Pero ve a través de las palabras. Ha sentido el calor de ella. El frío y el calor dentro de su cuerpo. La voz sigue intentando que reaccione: - Oye, venga, vamos, vas a salir de esta. - Ella lo sabe, no. Su corazón le enseña a que algo no va bien. Pocos latidos y cada vez intervalos más grandes. Latidos menos sonoros más apagados y una sensación de no poder respirar en todo el cuerpo. - Cariño, mira te vas a poner bien... - Acaricia su rostro y se siente acaricia. Se previene de que dentro de nada no conseguirá más oxígeno con el cual llenar sus pulmones que se resienten más. Dolor en su cuerpo. Eso es lo que siente. Tanto dolor que le hace marearse y ver todo de nuevo de un gris oscuro. Que se torna al negro por momentos. No distingue demasiado bien a la persona que la agarra ahora mismo. La voz es como la llama, esa voz perturbadora que me habla y me invita a seguir aquí. Se equivocan todos los hacen. Yo la siento, la siento profundamente, con dos pies dentro y la cabeza fuera. Sus pulmones resentidos buscan un último aliento. El preciso instante para decir adiós. El adiós que ella nunca podrá pronunciar.
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